En la hora malograda soy por dolores transida, abierta tengo la herida y mi soñar, en la nada.
A veces calla la boca lo que dice el corazón, en inútil sinrazón tu porfía me trastoca. Mi lucha desesperada sólo persigue el encuentro, duele la espina por dentro y mi soñar, en la nada.
Te presté mi fantasía, me devolviste dolores, un yermo sin luz ni flores desprovisto de alegría. Hoy me acojo a la alborada celeste de los delirios, al aroma de los lirios, mas de mi soñar, la nada.
Me diluyo en la corriente de un río sin azahares. Persiguiendo voy los mares con el candor en la frente. En la hora malograda no fue la luz encendida; discurre a tientas mi vida y los sueños, en la nada…
Echaba de menos a Isabel, añoraba sus dedos por los que siempre sentíase acariciada. Recordaba constantemente el azul grisáceo de sus ojos, ¡le gustaban tanto! -¿Dónde estará?- se preguntaba –se ha ido sin despedirse, y eso que me decía no poder vivir sin mí- Sintió que la había traicionado y que, quizás, la había dejado por otra. Lloró, lloró desconsoladamente lágrimas de cristal. Isabel sufrió un infarto de madrugada, su marido la llevo a urgencias, allí murió. La enterraron hace ya casi un mes. A su familia se le olvidó cumplir lo que ella siempre les había dicho.- Cuando muera, poned en mi ataúd, junto a mí, mis gafas, no puedo vivir sin ellas…
¡Jeringos y molletes, calientes, calientes! ¡Carboneroo, picón de leñaaa! Los sones primeros, arropados con el silencio de la temprana mañana: La vendedora de molletes, bajita y regordeta, con el pelo tirante recogido en un moño redondo, en su nuca, cual ensaimada cubierta de negrísimo azabache. La canasta de mimbre dorado apoyada en la oronda cadera, albergaba el apetitoso y recién elaborado alimento tapado por un paño de impoluta blancura, igual al delantal que cubría su oscuro ropaje. En las gélidas mañanas de invierno, al pregonar, le salían las palabras rodeadas de volutas de vaho que se quedaban un instante flotando en el ambiente, como una danza efímera y sutil. Félix, el carbonero: sentado de forma indolente en el varal delantero de su viejo y ennegrecido carro, arreando a la mula de cansino y monótono andar. Cuando paraba en las esquinas, salían las mujeres con sus viejas latas donde él depositaba (después de pesarlo en la romana) los trozos negros e irregulares del carbón que, una vez en los anafes, convertidos en rojas y amarillas ascuas, servirían para cocinar los opíparos cocidos o las patatas a lo pobre, según el poder adquisitivo de cada familia.
Más tarde, en la media mañana, de nuevo otro son envuelto en el silencio: ¡lañadoor, se arreglan baños y tinajas! el hombrecillo, sentábase en el borde de la acera para arreglar el rajado barreño que alguna mujer le sacara; mientras hacía su labor, solía canturrear alguna coplilla imperceptible. Después, al filo del medio día, un son más estentóreo rajaba el silencio; era el repicar de las campanas de la iglesia mayor anunciando las doce. El alegre e insistente repique se oía perfectamente, por el silencio apacible que envolvía toda la ciudad. Ya en la tarde, a la hora de la siesta, el silencio leve de la mañana se volvía espeso como si de pronto el tiempo aumentara en gravidez, denso, sin ningún son que lo alterase.
Luego, a la caída de la tarde, el silencio se volvía muy ligero, delgadísimo, estrujado por las risas, carreras y juegos de los niños… Y de pronto, otro son: ¡pirulíí de la Habana! el carrito rodeado de la chiquillería de ojos ansiosos y asombrados ante las espirales dulces, de colorido brillante. De nuevo, en la noche, un son más del silencio que en tiempo nocturno parecíame poder tocar con los dedos: El canto de los grillos en verano, o la mansa lluvia repiqueteando en los cristales de las ventanas, anunciando en septiembre el otoño dorado y aromado de mostos. Ya no hay sones que borden en el bastidor del silencio. Un estrépito inmenso a invadido el mundo: ruidos de coches, aparatos acondicionadores, músicas estridentes con altas megafonías, publicidad, timbres de móviles, gritos, voces…
A los niños de ahora les hemos robado un bien precioso. Lamentablemente, en el tiempo actual, es imposible oír los mágicos sonidos del silencio.
EN EL 70 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ANTONIO MACHADO.
Cuando perdiste la luz de aquel patio limonero, encerraste tus pupilas con urgencias y secretos. Antonio, voz caminante del árbol partido y viejo; doliente por las ausencias de tu país y su cielo. Te agobiaron los silbidos de balas en aires muertos y fue tu sombra perdida un pudoroso lamento. Enredado en las tinieblas de tu íntimo desierto, no quisiste pervivir al doloroso destierro. Errante por los caminos de la muerte y su misterio, con el liviano equipaje de sobriedad y de versos, oteas desde las nubes a los cárdenos espejos por orillas de bondad. Hombre, poeta, recuerdo.
Sigilosos la noche y su silencio, han fundido la copla en nieve y fragua, cuando subió tu luz a las estrellas sobre arroyos de luna y alboradas.
Perdiose tu canción, la miel y el brío, por la oscura deriva de las balas y te fuiste en cendal de mariposas, por corrientes de crúor y añoranzas.
En lloros se deshacen los gitanos sobre tristes lamentos de guitarras por tu voz, Federico, ya vertida en las fuentes sangrientas de las zanjas.
Hay dunas de dolor, sombras yacentes, arabescos embrujos por la Alhambra; sustentan los suspiros en las flores y en las hondas quejumbres de las aguas.
Los romances, con luto se prendieron en el perfil morado de tu cara, y el orbe estremecido, sin azules, paseó con su pena por Granada.
Desde ahora estaré aquí, en mi blog, para recibir encantada, vuestras visitas.
A través de este espacio, me gustaría acercaros a la poesía que, es mi pasión, sobre todo, la clásica, pero en realidad, me gusta toda la buena literatura, en poesía o prosa. También me gustan: el teatro, la música, la pintura, en fin, todas las artes. Soy miembro de la "Asociación Cultural Ventana literaria" donde nos reunimos personas afines en nuestro gusto por la palabra escrita y, colaboramos en todos los actos culturales de nuestra ciudad. También formo parte del foro poético mas importante de Internet: METAFORAS administrado por dos excepcionales profesores de los cuales he aprendido muchísimo sobre la preceptiva poética: Diana Gioia y Ricard Monforte.
Escribo mucho, así que, expondré aquí mis escritos para quien quiera disfrutar con su lectura. Hace dos años publiqué mi primer libro: Poemas - Antología. Editorial: Carisma Libros.