MIS SUEÑOS

 
MIS SUEÑOS

                                   Sumisa dormiré con la ventana abierta.
En rito sigiloso me cubrirá la luna,
derramando su luz sobre mi tenue esencia,
con fulgurante empeño por ceñir mi cintura.

Y sentiré el abrazo sensual de las auroras
al llenarse la estancia  de luces y avaricias.
Se escucharán los trinos precoces de la alondra
si vislumbro en mis sueños despedirse la vida.

  Con su fervor, aguarda la cortina silente
  a que la bruma quiera  perseguir al silencio.
 Entonces, la mañana, al encontrarme inerme,
encenderá el oscuro velón de los misterios.
.

De poemas soñados, forjaré una corona,
la triste flor del alba reposará en mi sien.
Porfías de tinieblas, de luz, mi sangre toda,
un manantial de adioses, extraña placidez.

                                  María Bote.

LOS CINCO SENTIDOS

A la izquierda del escritorio, mantengo siempre las cinco hojas.
 En una, plasmo los sabores: el de las frutas, los asados y guisos y, sobre todo, el de los besos…
 En otra, los olores de la flor, de la tierra mojada, el mar…su aroma (el de él) y sobre todo ¡Humm! la piel de los recién nacidos.
 En otra hoja pongo siempre los sonidos: la música, los trinos de los pájaros, las voces de los seres queridos, el sonar de las olas y, más que nada, las risas de los niños.
 En la cuarta hoja, intento plasmar lo que veo: la lluvia cayendo mansamente sobre las hojas doradas del otoño, el estallido multicolor de la primavera, los montes, los ríos, el rostro de cada ser amado y, por encima de todo, las caritas (una de miel y rosas y la otra de jazmín y nácar) de mis dos nietas.
  Por último, en la quinta; el tacto de la seda, del pétalo aterciopelado de la rosa, de sus manos (las de él) y sobre todo, la maravilla de la piel recién estrenada que envuelve a mi Alba y mi Rocío.
 En verdad es que, siempre, en mi escritorio, mantengo muy abiertos los cinco sentidos.

           María Bote

REDONDILLAS A CÁDIZ



 REDONDILLAS A CÁDIZ

          De nácar tu fina espuma
con rumor de caracolas,
en el vaivén de las olas
tu belleza se consuma.

En el reino de lo azul
tiene tu gracia aposento;
de antigüedad monumento
velado de sal y tul.

De claridad un alarde,
del océano mimada,
sirena de piel dorada,
joyero de sol y jades.

Es tu canción la alegría
de conchas y madreperlas,
lloran mis ojos por verlas
lucientes en tu bahía.

Delirio de las gaviotas,
Cádiz, espejo de plata,
del sur, borlón escarlata,
sueño derramado a gotas.

En tu blanca luz sutil
mi corazón está preso,
y te regalo mi beso
bajo tu embrujo de añil.

            María Bote                         

A CAROLINA CORONADO

A CAROLINA CORONADO
 (EN EL CENTENARIO DE SU MUERTE)

Tú le cantaste al Gévora querido,
al color aromado de la rosa,
en sonetos de rima cadenciosa,
mientras tu corazón erraba herido.

Carolina, en tu pulso y su latido
habitó la palabra fervorosa,
del luto y la tristeza, temerosa;
la lírica del verso resumido.

Naciste de la noble Extremadura;
te sostuvo su luz esclarecida,
su abrazo impenitente y virginal.

El tiempo no te esconde ni clausura,
quedaron tus poemas en la vida
envueltos en purísimo cendal.

María Bote

SI...


SI…

                   Si escucho los sonidos de la arcilla,
resplandece la sombra de la higuera.
Si a los sentidos  llegan los alardes,
me refugio en mi última prebenda
Si canto la armonía de la lluvia,
los bordes del prodigio se renuevan.
Si habito en el desorden de los sueños,
la astucia me sucumbe y me condena.
Si volviese la luz de lo añorado,
reirían los espejos de extrañeza
Si dudo de lo cierto y dirigido,
se desmanda la voz de la sospecha.
Si vulnerable de pudor me muestro,
la soledad rezuma de abstinencias…


                 María Bote
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