LIRAS


DE TI VIENE LA LUZ
                 
(Lira I)
Vivo por tus caricias,
                            por la ternura atenta de tus ojos,
de tus manos, delicias
fundiendo mis enojos.
                           De ti viene la luz a mis antojos.
                
(Lira II)
Ya no suenan los cantos
ni lanzan los clarines dulces notas.
Los tiempos, con sus mantos,
esparcen turbias gotas
por las tristes esquinas más ignotas.
       
(Lira III)
Del surco, la semilla,
brotando tras la lluvia y sus latidos,
seduce a la alevilla,
a los rayos fundidos
del sol en los roquedos florecidos.

María Bote

CUANDO HERIDA…

Cuando herida me siento por las flores,
ejerzo la templanza de los ritos,
espero la llamada misteriosa
de mi pulso furtivo en tu corriente,
y duermo en el pretil de mi desmán
para guardar mi arpa de tus dedos.
Rechazo la lujuria de tu alud
vertical, vencedor de mi armonía.
Exilada de amor en los confines,
me duele la certeza de lo extraño.
Si conquisto los soles del invierno,
la aflicción se diluye y se marchita.

                                María Bote

QUISIERA SER ORFEBRE

QUISIERA SER ORFEBRE

Al sonido del mar, en prodigiosa noche,
escalas a mi cima con tu albor, sin reproche.

Mis ojos en la niebla persiguen tus suspiros,
con celestiales luces de nácar y zafiros.

Llegarás a mis sueños de manos de la aurora,
ceñida a mi cintura, grácil, alumbradora.
 

 Me regalas arrullos de pájaros y flores,
los ecos de las fuentes, del iris sus colores.

Me donas poesías; en ramos de pasión
las llevo por la sangre, hasta mi corazón.

Quisiera ser orfebre, enlazarte con plata,
acariciar el brillo de tu manto escarlata.

Si de mí no te olvidas, dulce musa hechicera,
tejeré con mis versos tu gloriosa bandera.

                           María Bote

EN MADRUGADA

EN MADRUGADA…

En madrugada fúlgida y sutil
rocé la piel del viento,
de tu boca el acento,

al donarte mi abrazo más febril.

Mis puertas dieron paso a las mañanas
promiscuas de azahares,
sin llantos ni pesares,
con la eterna canción de las campanas.

Y me uncí temblorosa a tu cintura
de sueños nacarados.
En tu dosel, anclados,
quedáronse la luz y la ternura.

¿Adónde iré perdida en los silencios
cuando me dejes sola?
Una contrita ola

se mecerá en la noche y sus recencios.

            María Bote

MI INOCENCIA

MI INOCENCIA

En un rincón del parque, mi inocencia
quiere jugar al corro de ilusiones
con la luz del misterio, sin urgencia.

Un murmullo de pájaros sin trinos
pulula en la caída de la tarde
y deshoja mis dedos peregrinos.

Te arrimas a mi turbia postración
y despides la dulce cantinela,
unciéndote a la cruel desolación.

Los rumores del sueño de la vida
anegarán la playa de mis ojos,
mi paciente palmera entristecida.

La avidez se desploma en los cristales
por donde busca el sol los entresijos
de mi verso abismado en manantiales.

Ilícito sostén de la mentira
es el jugo pendiente de tu boca
donde mi loco empeño se retira.

Bailando con el son del desvarío,
en madrugada múltiple y eterna,
por senderos sin flores, tu desvío.
 

Me persigue acuciante tu mirada,
desharé su cadena sin desmayo,
sin sujetar mi yugo a su llamada.

Reverencio el envite que me dejas
al horadar mi piel con desatino
y niego las verdades de tus quejas.

El fuego del ocaso se avecina
por la oscura razón de la pendiente;
mi delirio sangrante, por su esquina.

Afluente de su mar es mi poema,
engendrado en la orilla de las horas,
ungido con efluvios de alhucema.

Renace en los perfiles de la bruma
por los azules códigos del sueño,
en trazos sugerentes de mi pluma.

Un suplicio tenaz, inalterable
persigue mi inocencia sin medida.
Melancólica duna inexpugnable.

María Bote

LA INCOGNITA


LA INCÓGNITA
(ANTE UN NUEVO AÑO)

Espero abrir la puerta
de alegrías y afanes;
una página en blanco donde sembrar los sueños.
Imprevistas señales nos esperan ansiosas
y  la mañana puede
no sostener su sitio.
Es un interrogante el estupor del tiempo,
no repite la luz;
mudo se queda el aire,
diluidos los rumores.
Nos seduce la incógnita precisa
ante el umbral tallado del futuro.
La pregunta en mi mente.
¿Acaso vendrá el alba,
o sentiré la sombra tras mi huella?

María Bote

CELESTE CAMPANA



VILLANCICOS  2011 

Una celeste campana
sonó en la dulce mañana.

En un portal de ventura
rodeado de pastores,
alumbró la virgen pura
al verbo de luz y amores,
cumpliéndose la escritura.

                     Y la estrella en la ventana.

Una celeste campana
sonó en la dulce mañana.

Con gran ternura, María,
al niño Dios de los cielos,
acuna con alegría,
y sus profundos anhelos,
se revisten de armonía,

de claridad soberana.

Una celeste campana,
sonó en la dulce mañana.

Un ángel vela, risueño,
entona cantos de amor.
En Belén reina el pequeño,
sobre la nieve, la flor,
con su fervoroso empeño

despide  brisa  liviana.

Una celeste campana,
sonó en la dulce mañana.

María besa la frente
del querubín sonrosado.
Es su beso incandescente,
de lisura engalanado,
corona de amor fulgente.

Su madre lo mira ufana.

Una celeste campana,
sonó en la dulce mañana.

Con su mirar tan brillante,
alumbra nuestro destino.
Un resplandor llameante
nos indicará el camino,
en esperanzado instante.

La mies brota en la besana.

Una celeste campana,
sonó en la dulce mañana.


María Bote
Navidad de 2011

CANTATA


CANTATA

La pena ya no me duele,
no tengo piel sino escarcha.
El corazón, sutil junco,
en orillas sin templanzas.

El atrio de mis zozobras
muestra un zócalo de nadas.
Un aguijón me persigue,
desnudo de la palabra.

Es mi nido un pedregal
oscuro, donde las albas
no encuentran sus acomodos;
vacío de flor y ramas.

Llevaré puesta la risa
por cauces sin luz ni aguas,
mientras consumo las horas
sin las voces esperadas.

Quiero citar al destino
con una lucida máscara,
aunque juegue con mis sueños
por las veredas sin alma.

Y no quiero enanchar ríos
con afluentes de mis lágrimas.
Impregnaré de matices
                    la tarde fecunda y clara.

Ya no me duele la pena,
bailo al son de mi cantata…

María Bote

MORADOR DE SILOS

MORADOR DE SILOS
(escrito en el claustro del monasterio de silos, a su ciprés)

Con vetusto verdor buscas al cielo
desde la orante paz de los sigilos
y fuiste, arcano morador de silos,
de monjes y poetas el consuelo.    

Tu corazón de ramas teje un velo,
los ángeles orlando están sus filos,
los ruiseñores juegan con los hilos
de la aurora, pensiles del anhelo.

Te conmina mi Dios hasta su altura,
sobre el claustro, testigo de tu aliento,
mientras surgen plegarias en la tarde.

Hoy mi soñar se fija a tu hermosura
en fervorosa ofrenda del fermento
sublime de la fe, que en Silos arde.

María Bote.
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