SIN LUNAS


Se me quedó sin lunas
el cielo de mi guerra,
me persigue la voz de la ignominia.
He de esperar, a solas,
a que se aleje el miedo
y florezca el camino de mi afán.
Sólo podré nutrirme
del silencio y su herida lacerante.
Fingiré que no extraño sus presencias.
Venid, venid, ausentes,
a restaurarme el alma,
a consolar el duelo de los siglos…

María Bote

LA MUSA


LA MUSA
(SONETO SHAKESPERIANO)

                                   Cuando colmo a la musa de homilías,
desarmada se va por la tangente.
Se deja seducir por la corriente
del rutinario curso de los días.

Cuando la flor me dona su frecuencia,
gozosamente ciño su cintura,
me pierdo por su lar y su hermosura,
a su cálida luz pido clemencia.

Cuando de noche sueño con la luna,
ilumina mi voz y mi palabra;
soy el surco,  Selene esparce y labra
lo que será cosecha de fortuna.

El verso no resiste mi demora,
le gusta visitarme a cualquier hora.

                                             María Bote

AL MAR


AL MAR.
(OCTAVA REAL)

Yo persigo la luz de tus orillas,
sirena en el abrupto acantilado,
para sentir tu beso en las mejillas
y el húmedo puñal en mi costado.
Me llaman tus azules maravillas,
la canción del abismo enamorado…
Hoy quisiera fundirme en tu universo,
escondida en la concha de mi verso.

María Bote

TU PIEL



TU PIEL

              Tu  piel cubre mis sueños
cuando en la madrugada
el misterio aparece
colgado de una estrella.
Cuando el silencio oscuro
se cubre con su manto
de susurro y caricias.
Cuando la blanca luna
espera la mañana
y escucha la oración
del aire y el suspiro.
Tu piel de seda oscura
se enreda entre mis brazos
y mis sueños se visten
de tactos y de aromas.

María Bote

RECÓNDITOS

Recónditos parajes
esconden las certezas del misterio,
los indolentes frutos
de las justas palabras.
Ecos de la experiencia y la razón
caminan desolados,
entre dunas y efluvios de quimeras,
con lastre de ilusiones sin futuro.
Ocupan a mi alma,
espíritus de ausencias,
desechando mentiras decadentes
y sombras del olvido.
Mas espero la lluvia sin heridas,
el lujurioso aroma del jardín…

María Bote

MAYO



MAYO

Viene mayo de paseo
para esparcir los aromas
del florecido romero,
con su canasta de rosas.

Mes de las horas eternas,
de los trinos ancestrales,
pregonero de azucenas
sobre el verde y sus alardes.

Tejieron las mariposas
diademas para tu frente;
para ti, el río entona
húmedos salmos celestes.

El hada de los senderos
va derramando mil flores
bajo el azul de tu cielo,
entre amorosas canciones.

Mayo, se escucha tu risa
por los roquedos y valles.
Vienes derramando  vida,
luz y color en mi tarde…

María Bote

HOY...


HOY…

Hoy evoco las tardes de bolillos
en la escuela de pájaros al viento
prendida en mi memoria, sin olvido.
En su rostro muy blanco, el bucle negro,
se posaba en la frente, con sigilo,
de mi dulce maestra; la recuerdo,
entre las oraciones de contritos
rosarios, tizas, mapas y alfabetos.

En místicos pensiles suspendida,
la calor de los mayos fervorosos
con flores  a María.
En mi soñar escucho el alboroto
de la infancia translúcida, de niña
abriendo los cerrojos.

María Bote
12 – 4 - 2012

TIEMPO MÍO


                                       TIEMPO MÍO

No quieres esperarme, tiempo mío,
te me escurres, veloz, con vil premura.
Tu cateya desgarra la tersura;
en tu artero discurso yace el brío.

Hoy siente el corazón tu manto frío,
la inútil y falaz coloratura
y un pesado bagaje de amargura
reviertes en mi piel, a tu albedrío.

No puedo desatarme la cadena
con que amarras mi luz, mis ilusiones,
ni parar tu reloj de infame hora.

Condúceme de nuevo a la verbena
donde laten los pulsos de emociones,
a la plazuela blanca de mi aurora.

María Bote

Dedicado atodos/as cuantos sentimos
la aviesa temporalidad, lo efímero del tiempo.

A LA MUJER AFRICANA




Y ruge un continente:
voz de eriales regados con tus lágrimas;
los ojos de tus hijos,
con ansias piden pan, misericordia.
Tus escuálidos pechos
emanan impotencias
y acarician tus manos huesos de tu heredad.
Un oscuro paisaje,
remedo de tu piel,
dibuja en el futuro con sangre de tu grito.
La tierra se estremece
ante la noche larga de hambrunas e injusticias.
Y tú, mujer, esperas, con la flor deshojada
muriendo entre los brazos,
a que el mundo deseche el egoísmo,
si escucha los lamentos de tu alma y tu sed…

María Bote
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