SIN LUNAS
Se me quedó sin lunas
el cielo de mi guerra,
me persigue la voz de la
ignominia.
He de esperar, a solas,
a que se aleje el miedo
y florezca el camino de mi
afán.
Sólo podré nutrirme
del silencio y su herida
lacerante.
Fingiré que no extraño sus
presencias.
Venid, venid, ausentes,
a restaurarme el alma,
a consolar el duelo de los
siglos…
María Bote











