SIN TU CANTO


        SIN TU CANTO
            (A LA MUERTE DE UN POETA)


              Nada será lo mismo sin tu canto,
sin la aurora feliz de la utopía,
al envolver las dunas con su manto
la cromática luz de la armonía.

Un sumiso jazmín sobre la arena,
indolentes las musas del camino
aguardan los fulgores de la pena
escondida en un viejo pergamino.

             Temblorosos  tu acento y  tu sonrisa,
sin la cálida voz de las clemencias.
Los iris de las fuentes con la brisa
lloran sobre la cruz de las ausencias.

No enmudezcan las arpas sus canciones,
 melancólicas vistan de crespones.

                            María Bote

FÉRTIL PRESAGIO


FÉRTIL PRESAGIO

Ya presiento el aroma de las flores,
la magia de la verde pregonera,
cuando rila brillante la junquera;
es un fértil  presagio de fulgores.
Dibujarán mis versos de colores
en el blanco estandarte de su esfera,
con la brisa ligera,
desechando el collar de sinsabores.
Esconderé en la flora mi gemido
y el doliente latido,
cuando su claridad cubra mi día.
Ha de acogerme entonces la esperanza,
sin dolor ni mudanza,
el reino de la luz y la armonía.

María Bote

NO VELA EL AIRE


 NO VELA EL AIRE
                   (Romance para un romance Lorquiano)

Granada busca en la noche
a su lunita de estaño,
le pregunta por el niño
envuelto en su dúctil manto.

¡Ay, Geníl, no me lo robes!
clama la luna temblando,
será mío para siempre,
no lo daré a tus remansos.

La ciudad cuenta bajito
los romances del milagro,
mientras la luna no quiere
soltar del niño la mano.
Muy  negros, los nubarrones
acechan desde lo alto
y galopan los jinetes
con tambores de quebrantos.

Se escuchan por las mañanas
repiques de campanarios.
La Zumaya se escondió
en lo profundo del árbol.
La veleta de la torre
canta responsos arcanos
mientras giran con el aire
las angustias de sus brazos.

Ríos, torre, viento, nubes,
la fuente de los naranjos…
Todos pugnan por el niño,
todos quieren despertarlo.

A la silenciosa fragua
llegas, lunita de estaño,
mas hoy no quieres bailar
con tu polisón morado.

Ya duerme sobre su yunque
el morenito gitano.
Gime la luna su pena,
no quiere el aire velarlo…

                                                              María Bote

LAS LIDES DEL AMOR


LAS LIDES DEL AMOR
      (OCTAVA ITALIANA AGUDA)

 Me abruma tu frialdad, me condiciona
y deja los fervores afligidos,
los gozos en perfiles desvaídos,
en el pecho agoniza el corazón.
Reposará la música por siempre
en la noche, laúd de mis pesares,
navegan los suspiros por los mares
y gime, dolorosa, la razón.

¿Cómo podré vivir sin tus caricias
al mirar el azul de la mañana?
Será de hiel tu ausencia casquivana,
si te pierdo en las lides del amor.
Me cobijan los brazos de la luna,
silente oscuridad sin tus fulgores,
se diluyen los sueños en temores,
no queda en el jardín brisa ni flor.

                                           María Bote

Este poema lo escribí hace bastante tiempo, pero no lo había puesto en el blog. Gracias y besos.

LIRAS


DE TI VIENE LA LUZ
                 
(Lira I)
Vivo por tus caricias,
                            por la ternura atenta de tus ojos,
de tus manos, delicias
fundiendo mis enojos.
                           De ti viene la luz a mis antojos.
                
(Lira II)
Ya no suenan los cantos
ni lanzan los clarines dulces notas.
Los tiempos, con sus mantos,
esparcen turbias gotas
por las tristes esquinas más ignotas.
       
(Lira III)
Del surco, la semilla,
brotando tras la lluvia y sus latidos,
seduce a la alevilla,
a los rayos fundidos
del sol en los roquedos florecidos.

María Bote

CUANDO HERIDA…

Cuando herida me siento por las flores,
ejerzo la templanza de los ritos,
espero la llamada misteriosa
de mi pulso furtivo en tu corriente,
y duermo en el pretil de mi desmán
para guardar mi arpa de tus dedos.
Rechazo la lujuria de tu alud
vertical, vencedor de mi armonía.
Exilada de amor en los confines,
me duele la certeza de lo extraño.
Si conquisto los soles del invierno,
la aflicción se diluye y se marchita.

                                María Bote

QUISIERA SER ORFEBRE

QUISIERA SER ORFEBRE

Al sonido del mar, en prodigiosa noche,
escalas a mi cima con tu albor, sin reproche.

Mis ojos en la niebla persiguen tus suspiros,
con celestiales luces de nácar y zafiros.

Llegarás a mis sueños de manos de la aurora,
ceñida a mi cintura, grácil, alumbradora.
 

 Me regalas arrullos de pájaros y flores,
los ecos de las fuentes, del iris sus colores.

Me donas poesías; en ramos de pasión
las llevo por la sangre, hasta mi corazón.

Quisiera ser orfebre, enlazarte con plata,
acariciar el brillo de tu manto escarlata.

Si de mí no te olvidas, dulce musa hechicera,
tejeré con mis versos tu gloriosa bandera.

                           María Bote
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