AGRAVIOS
(AL ANCIANO ANÓNIMO)
Cuánto
dolor tupido de orfandades
preñadas
del ayer sin contraseñas.
Las
liras del adiós tañes y empeñas
en
púlpitos de agravios y maldades.
Sólo
te ocupan hoy las soledades
en
un baúl de afecto que me enseñas.
Sin
vigor ni alegría te despeñas
en
la pendiente vil de mezquindades.
Lágrimas
en tu voz que nadie escucha,
olvidos
de la entrega y el desvelo
acarician
tu rostro marchitado.
Vistes la ingratitud de larga lucha,
cubres
el corazón con rudo velo,
sin
ser en parte alguna el invitado.
María
Bote
Hace algún tiempo fuí a visitar una residencia de ancianos y, de mi conversación con uno de ellos, de la escucha de los pesares que me contaba (sus hijos ni siquiera iban a visitarle) nació este soneto.