NO SABÉIS
NO SABÉIS.
No sabéis cuánto amarga la
gris indiferencia,
los gélidos perfiles de
oscura travesía,
desde el pretil antiguo de
la inútil paciencia,
desde la tarde fría.
Desoirán los crepúsculos la
voz de la clemencia,
si cabalga la sombra sobre
la luz del día
por el sendero innoble de
invisible presencia,
en pertinaz porfía.
No sabéis cuánto cansa este
oscuro desdén,
el chirriar de cerrojos que
clausuran el bien
y aniquilan rumores de livianas
corrientes.
Encontraré el espejo de
brillantes auroras
mientras van mis suspiros
bogando entre las horas,
por azules torrentes.
María Bote







