TU MIRAR

No alejes tu mirada de la mía,
preciso del espejo de tus ojos,
               buriles en mi alma sin cerrojos
y ofrenda sin dolor, sin agonía.

Tu mirar a mi noche vuelve día;
un cardumen de ensueños y de antojos
cuando borra el por qué de mis enojos;
a su dulzura rindo pleitesía.

En las quebradas luces de mi tarde
se esconden tu pasión y mi suspiro,
con sumisa quietud, sutil encanto.

Y  en perfiles serenos, sin alarde,
a tu amor sin fisuras me retiro
para esquivar las cruces del quebranto.

     María Bote

SOLEÁS DEL CANDIL



SOLEÁS DEL CANDIL

Siembra claveles tu boca
en el jardín de mis labios.
Mueren de envidia las rosas.

Buscan tus dedos mi piel
mientras yo le tarareo
coplillas a tu querer.

Lloro y suspiro por ti,
en el cuarto de las penas,
sin llama está mi candil.

              Se cumplió nuestro destino:
tú calma, yo tempestad
y nuestro bajel, perdido.

              Hoy me dejaste sin luz
al desoír mis clamores;
quedó mi ajuar sin baúl.

María Bote
enero de 2016
EL TIEMPO
(Rima Jotabé)

Apurando voy mis días
envuelta en melancolías.

El reloj, su minutero,
trepidante y traicionero,
nos deja sin cancionero
con su discurso embustero.

Y desgasta mil tersuras
al quebrar las hermosuras.

Sin luces de poesías,
su talante zalamero
engañando a las ternuras.


  II

El tiempo y mi desazón
al escuchar su sermón.

En alas de eternas prisas
nos transporta a sus cornisas,
robándonos las camisas
de juventudes y  risas.

Nos llevará como un río
hacia  los mares del frío.

Cerraremos el balcón
para evitar que sus brisas
nos envuelvan en hastío.

María Bote

VIVIR



VIVIR
                              
                   Es abrir puertas;
buscar la luz,
hilo que todo une.
Vivir es desgastarse y renacer de nuevo 
entrelazar las manos con el otro.
Es sentir las caricias, los susurros,
estremecerse con la música
y con los sentimientos estrenados.
Vivir es escuchar palabras
sanadoras de heridas.
Y también percibir
que pesen en los hombros los chales de tristezas.
La lluvia de las lágrimas,
los cantos compartidos.
Vivir merecerá la pena, siempre.

María Bote
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