SOLEÁS DEL CANDIL
SOLEÁS DEL CANDIL
Siembra claveles tu boca
en el jardín de mis labios.
Mueren de envidia las rosas.
Buscan tus dedos mi piel
mientras yo le tarareo
coplillas a tu querer.
Lloro y suspiro por ti,
en el cuarto de las penas,
sin llama está mi candil.
Se cumplió nuestro destino:
tú calma, yo tempestad
y nuestro bajel, perdido.
Hoy me dejaste sin luz
al desoír mis clamores;
quedó mi ajuar sin baúl.
María Bote
enero de 2016






