SOLEDAD
SOLEDAD
El tiempo comienza
robándonos retazos
de compañías y,
al final, acaba por
llevárselo todo.
Llegado un tiempo, empezó haciendo breves y esporádicas
visitas: la felicitación navideña que no llegó, el teléfono que dejó de sonar a
la vuelta de algún viaje, el ir a llamar impulsivamente y recordar, de pronto y
con nostalgia, que ya nadie podría contestar esa llamada…
Después, las
visitas se fueron haciendo más largas y frecuentes, a veces, demasiado pesadas.
Su único hijo
se casó y luego fue padre ¡Hay, las madres de los padres! qué distinto a ser
madre de la madre…
Por último e inesperadamente, él, su único apoyo, también
se fue y para siempre.
Entonces, la visita se asentó ya en su casa,
definitivamente, para hacerle compañía; se llamaba SOLEDAD.
María
Bote






