SOLEDAD




SOLEDAD

El tiempo comienza
robándonos retazos
de compañías y,
al final, acaba por
llevárselo todo.


Llegado un tiempo, empezó haciendo breves y esporádicas visitas: la felicitación navideña que no llegó, el teléfono que dejó de sonar a la vuelta de algún viaje, el ir a llamar impulsivamente y recordar, de pronto y con nostalgia, que ya nadie podría contestar esa llamada…

   Después, las visitas se fueron haciendo más largas y frecuentes, a veces, demasiado pesadas.

    Su único hijo se casó y luego fue padre ¡Hay, las madres de los padres! qué distinto a ser madre de la madre… 
    
Por último e inesperadamente, él, su único apoyo, también se fue y para siempre.
 
Entonces, la visita se asentó ya en su casa, definitivamente, para hacerle compañía; se llamaba SOLEDAD.

          María Bote


TU MIRAR

No alejes tu mirada de la mía,
preciso del espejo de tus ojos,
               buriles en mi alma sin cerrojos
y ofrenda sin dolor, sin agonía.

Tu mirar a mi noche vuelve día;
un cardumen de ensueños y de antojos
cuando borra el por qué de mis enojos;
a su dulzura rindo pleitesía.

En las quebradas luces de mi tarde
se esconden tu pasión y mi suspiro,
con sumisa quietud, sutil encanto.

Y  en perfiles serenos, sin alarde,
a tu amor sin fisuras me retiro
para esquivar las cruces del quebranto.

     María Bote

SOLEÁS DEL CANDIL



SOLEÁS DEL CANDIL

Siembra claveles tu boca
en el jardín de mis labios.
Mueren de envidia las rosas.

Buscan tus dedos mi piel
mientras yo le tarareo
coplillas a tu querer.

Lloro y suspiro por ti,
en el cuarto de las penas,
sin llama está mi candil.

              Se cumplió nuestro destino:
tú calma, yo tempestad
y nuestro bajel, perdido.

              Hoy me dejaste sin luz
al desoír mis clamores;
quedó mi ajuar sin baúl.

María Bote
enero de 2016
EL TIEMPO
(Rima Jotabé)

Apurando voy mis días
envuelta en melancolías.

El reloj, su minutero,
trepidante y traicionero,
nos deja sin cancionero
con su discurso embustero.

Y desgasta mil tersuras
al quebrar las hermosuras.

Sin luces de poesías,
su talante zalamero
engañando a las ternuras.


  II

El tiempo y mi desazón
al escuchar su sermón.

En alas de eternas prisas
nos transporta a sus cornisas,
robándonos las camisas
de juventudes y  risas.

Nos llevará como un río
hacia  los mares del frío.

Cerraremos el balcón
para evitar que sus brisas
nos envuelvan en hastío.

María Bote
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