A LA ESPERA



A  LA ESPERA

 A la espera del tiempo
camino por las dunas, busco el sol,
se mece la memoria
en arrullos de mar,
y las gaviotas bailan
mientras mi pulso grita su latir.
El ímpetu del agua me seduce,
mas no quiero prenderme
en la azul tentación de las mareas…

    María Bote

TU MIRAR



TU MIRAR



No alejes tu mirada de la mía,

preciso del espejo de tus ojos,

                                    buriles en mi alma sin cerrojos

y ofrenda sin dolor, sin agonía.



Tu mirar a mi noche vuelve día;

un cardumen de ensueños y de antojos

cuando borra el por qué de mis enojos.

A su dulzura rindo pleitesía.



En las quebradas luces de mi tarde

se esconden tu pasión y mi suspiro,

con sumisa quietud, sutil encanto.



Y  en perfiles serenos, sin alarde,

a tu amor sin fisuras me retiro

para esquivar las cruces del quebranto.



     María Bote

¡Felicidades a todos los enamorados!

FEBRERO



FEBRERO

Mágico mes, febrero y sus mañanas,
entre el nueve y el once, día hermoso.
Brillante diez, lucido y venturoso;
tañeron en tu pulso mis campanas.

Te di mi corazón en filigranas;
iluminado sueño, bien precioso.
Susurros del instante primoroso
tejieron en tu nido dulces nanas.

Bendeciré el azul y claro día
en que me regalaban armonía,
tus manos de palomas.

Fue indulgente la brisa, suave y pura;
emanaron del liego, con ternura,
maternales aromas.

María Bote
10 – 2 – 86

Hoy cumple mi hijo 37 años, cuando cumplió 10, escribí este soneto, evocando el día de su nacimiento. Hoy lo expongo aquí en su homenaje. Gracias.

SIN RESQUICIOS DE LUZ...



SIN RESQUICIOS DE LUZ

En la quietud ansiada,
los ruidos del silencio ocupan su lugar
y me desvisten
dejando a la intemperie mis carencias.

Busco dentro de mí,
he de escuchar la voz que me traspasa.
Expongo mi vigilia
por los amaneceres,
con la experiencia rota de cordura
y la pasión ausente de maldad.

El tiempo se encapricha de las cosas
dejándonos la tapia
sin resquicios de luz.

María Bote

HILVANANDO VERSOS



HILVANANDO VERSOS

La melancolía hilvana mis versos
y teje la lluvia con hilos de agua;
si arrecia el enojo de nubes y vientos
sobre mi esperanza.
Me duele la herida de no ver el cielo,
sentir a la noche, mi oscura morada,
llorar las ausencias del canto y el beso,
de sus frentes blancas.

Quisiera mirarme en límpidos espejos,
despedir al humo de mi vieja casa,
con soplillos negros.
Y escuchar la trova de voz escarlata,
los dulces suspiros de mágicos sueños.
Inútil la espera de tibia mañana.

María Bote
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